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Durante este 2018 nuestra organización cumplirá, y celebrará, sus primeros 30 años de existencia. En el boletín nº 69 trataremos de mostrar un panorama más detallado, tanto de nuestra historia, como sobre el papel que creemos que puede tener una organización como Entrepueblos en el contexto actual. Aquí solo queremos ahora hacer un primer recordatorio y agradecimiento a los cientos de personas y a los muchos colectivos que, desde 1988, habéis hecho posible la trayectoria de esta organización de solidaridad internacional y el mantenimiento durante este tiempo de sus valores y su independencia.

 
1980: Jóvenes de Managua partiendo para la Cruzada de Alfabetización

Pero en realidad esta historia empezó justo diez años antes... Fue en febrero de 1978, cuando saltó a la prensa internacional el barrio de Monimbó. Era el día del aniversario de Sandino. La población de esta comunidad indígena en Masaya ya no  aguantó más, perdió el miedo y se alzó, iluminando la larga y cruel noche en que los EEUU tenían sumida a Nicaragua con la dictadura de los Somoza. Aún faltaban 17 meses para que el Frente y el pueblo sandinista tomaran Managua y se adueñaran de todo el país. Pero Monimbó fue el «efecto mariposa» que, a más de 8.000 kilómetros de distancia, estimuló el nacimiento, al inicio tímido, de los primeros comités de solidaridad con la revolución nicaragüense en la península ibérica, que pronto daría lugar al primer gran movimiento de solidaridad internacionalista.

Es importante señalar que el estallido de este movimiento de solidaridad no tuvo únicamente como causa lo que estaba ocurriendo en Centroamérica, sino también lo que nos estaba ocurriendo en nuestro país. Una generación de activistas empezaba a digerir la frustración de las expectativas que habían alimentado en la lucha contra la dictadura franquista, que iban mucho más allá de poder votar cada cuatro años para que las élites económicas y políticas siguieran conservando sus privilegios. Y proyectaron en Nicaragua estas expectativas. Esta proyección se juntó con la oportunidad de dirigir la mirada, por primera vez en muchas décadas, más allá de las fronteras en que el franquismo tuvo encerrado al país.

"El apasionante reto de una revolución en uno de los países más pobres del continente americano, enfrentada a la guerra de baja intensidad financiada por el imperialismo […] cautivó y movilizó a miles de internacionalistas, y aquella experiencia marcó nuestras vidas. Desde el Estado español fueron sucesivas las remesas de voluntarios(as) organizadas desde la red de Comités de Solidaridad con Centroamérica existentes en todo el estado, o desde sindicatos y comités de empresa, o de forma espontánea e individual […].

Llevábamos en la mochila un puñado de libros y la sana intención de enseñar al que no sabe. Pero una vez estrellados contra una realidad mucho más compleja, nos dimos cuenta que nuestros desfasados manuales nos iban a servir de poco, que nuestras ganas de enseñar se habían convertido en ganas de aprender.

Un dolor profundo nos había despertado del sueño de la utopía, abriéndonos los ojos ante la tragedia de un pequeño y violentado país al que no se le permitía ni respirar." («La llamada de Nicaragua 30 años después, escrito colectivo», Viento Sur 2014)

Fue la Cruzada Nacional de Alfabetización nicaragüense la que, a partir de marzo de 1980, convocó las primeras brigadas internacionalistas, multiplicando y extendiendo el movimiento. Al mismo tiempo, con el inicio de los movimientos insurreccionales contra los gobiernos militares en El Salvador y Guatemala, el movimiento de solidaridad se extendió a estos dos países.

Durante esta década cientos de personas acompañaron al pueblo de Nicaragua que resistía la «guerra sucia» del Gobierno de Reagan; o al salvadoreño en Morazán, en Chalatenango (en las zonas liberadas del FMLN), o en los campos de Colomoncagua y Mesa Grande (Honduras), donde, por cierto, Berta Cáceres aprendió las primeras letras de la palabra solidaridad apoyando a las comunidades salvadoreñas refugiadas en su tierra; en las montañas y las selvas guatemaltecas del Quiché o los campos de refugio de Campeche, Chiapas o Quintana Roo -México-. Gente de todas las profesiones, estudiantes y, especialmente, gente dedicada a la enseñanza o la sanidad..., gente solidaria que quería ayudar a aquellos pueblos a empujar un nuevo mundo, ya que no se había conseguido aquí.


Comunidades salvadoreñas llegan al refugio de Colomoncagua (Honduras)

Entrepueblos fue el resultado de un proceso de discusión en la coordinación estatal de los Comités de Solidaridad, como un instrumento del movimiento para hacer frente a los retos y posibilidades que se abrían (ya en la segunda mitad de los 80) con el inicio de las políticas públicas de cooperación, estatales y descentralizadas. Para incidir en ellas desde los valores y las visiones de un movimiento social que había nacido previamente y que, por tanto, no dependía ni quería depender de ellas.

De estos valores y del saber acumulado en este movimiento de solidaridad heredamos algunas de las premisas básicas de nuestra identidad, que, a día de hoy, aún apenas se entienden en la «cooperación al desarrollo», como la bifocalidad, la autonomía política o la horizontalidad en las relaciones solidarias:

"Cuando se observan las actividades del Comité en estos 25 años, se puede comprobar el carácter bifocal de sus acciones, es decir, la focalización hacia la propia sociedad por un lado […] y hacia el acompañamiento de luchas en diferentes pueblos, comunidades y países, por otro. Producto de la reflexión sobre la experiencia realizada con los «Frentes» en Centroamérica, se afianzó el concepto de autonomía política del propio Comité y el carácter bidireccional de la solidaridad." (Más de 25 años de internacionalismo. Interpueblos, Comité de Solidaridad con los Pueblos, Cantabria 2005)

Pero los Comités de Solidaridad sufrieron un declive importante a principios de los 90. Los procesos de paz en Centroamérica, con diferentes matices, cambiaron cosas, para que no cambiara nada. Costó digerir las derrotas y las autoderrotas de los procesos revolucionarios. Y una organización como Entrepueblos, que había nacido en el seno de ese movimiento social internacionalista, tuvo que seguir su camino en un diferente contexto, eso sí, conservando un funcionamiento basado en organizaciones territoriales con personas activistas de algunos de los Comités de Solidaridad que sostuvieron su apuesta internacionalista en la década neoliberal y del estallido del "Oenegeísmo".



Asamblea de Entrepueblos 1990

En estos nuevos contextos ampliamos los horizontes de nuestra cooperación solidaria. Desde la insurrección zapatista en 1994 hemos querido mantener vínculos solidarios en Chiapas con los procesos que allí se desarrollan. Desde esa misma época seguimos manteniendo lazos en Cuba con organizaciones que promueven procesos de educación popular y valores emancipadores como el feminismo, la economía social y el ecologismo. Y desde finales de los 90 Entrepueblos decidió empezar a trabajar en la zona andina, donde hemos consolidado relaciones de solidaridad y cooperación con organizaciones y movimientos sociales transformadores en Ecuador y Perú. También apoyamos procesos más concretos del MST en Brasil o la defensa de los DDHH en Honduras. Y hemos promovido la solidaridad entre movimientos y organizaciones hacia la frontera Sur, en Marruecos.

Esta ampliación de experiencias nos ha permitido ganar en aprendizajes, enriquecer nuestra visión y conocer interesantes procesos de lucha emancipadora y sus contradicciones.

Desde esta perspectiva bifocal, a lo largo de estos años nos hemos implicado en nuestro país y hemos cultivado lazos internacionales con organizaciones y movimientos sociales, tratando de apoyar e interconectar reivindicaciones y alternativas:

• Desde el internacionalismo feminista, aprendiendo de los movimientos feministas su crítica radical al patriarcado, su defensa de la justicia de género, de una vida libre de violencias, de la soberanía de los cuerpos y de la sostenibilidad de la vida;

• Con los pueblos indígenas, cooperando en la defensa de sus derechos, que se pueden resumir en el derecho a la autodeterminación

• Desde el internacionalismo ecologista, tejiendo complicidades también con los mismos pueblos indígenas, con el ecologismo social y los movimientos campesinos, en la defensa del territorio y los bienes comunes, y en su cada vez más urgente labor de crítica y propuesta de alternativas al desarrollo capitalista;

• Como defensoras y defensores de derechos humanos aprendiendo a cuidarnos, a proteger y a protegernos frente al creciente autoritarismo, los recortes de libertades, la criminalización de la protesta social o de la inmigración;

• Aportamos nuestro granito de arena en promover un movimiento local e internacional de crítica y alternativas al gigantesco poder de las corporaciones multinacionales, su asalto a la soberanía de los pueblos y su cooptación de las instituciones públicas.

• Y acompañamos procesos de organización a través de la educación popular, la economía solidaria, la comunicación social, etc.

En el documento fundacional de Entrepueblos en 1988 se decía que «Las causas de la rebelión son muchas, a veces van solas, otras van todas juntas», pues bien, entendemos que los problemas a los que se enfrenta la humanidad en este siglo XXI nos plantean la necesidad de juntar e integrar estas causas.

Y creemos que en 2018 y en adelante, a pesar del repliegue etnocéntrico y de la cultura del miedo que tratan de inocularnos desde los poderes económicos y políticos, el internacionalismo será más necesario que nunca. Que no podrá existir ningún movimiento realmente transformador que no tenga sus raíces firmemente apoyadas en la realidad local, pero tampoco sin una clara conciencia de las implicaciones que tienen los fenómenos globales que vivimos y sufrimos en este siglo en nuestro quehacer y vivir local, ni tampoco sin una clara conciencia de la responsabilidad planetaria de nuestras opciones en este quehacer y vivir local. Por eso seguirá siendo importante la existencia de organizaciones que impulsen esta conciencia y práctica internacionalista.

En esta trayectoria no solamente hemos contado con el apoyo y la participación de todas las personas y colectivos que se han asociado, han participado activamente o han colaborado puntualmente con Entrepueblos, también hemos podido contar con la complicidad de centenares de personas y organizaciones imposibles de enumerar, con las que nos hemos apoyado mutuamente en la activación de campañas, movimientos sociales, reivindicaciones sociales y políticas, etc. Y, por supuesto con las organizaciones hermanas de Abya Yala/América Latina y algunas de Marruecos, de las que hemos aprendido casi todo.

No hemos sido nunca una organización especialmente preocupada por la auto-promoción. Quizás por nuestro origen, nunca hemos concebido Entrepueblos como un fin en sí mismo, sino como una modesta aportación a la transformación social «en, desde y con» los movimientos sociales emancipadores, desde una visión internacionalista. Pero todo eso no quita para ser capaces de celebrarse cuando hay que celebrarse.

Por eso os invitamos ya desde ahora, tanto a la 30ª Asamblea anual que se celebrará los días 12 y 13 de mayo en Barcelona, como en las diferentes actividades que en cada localidad realizarán las organizaciones territoriales de Entrepueblos. 

Àlex Guillamón

 
 
 
 
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